martes, 28 de noviembre de 2017

Retrato interior (2017), de René Rodríguez, con Enrique Pineda Barnet





Poema audiovisual que explora el universo emocional del cineasta Enrique Pineda Barnet a través de su cotidianidad más íntima, contemplado desde la trayectoria sonora y visual que envuelve su memoria.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Presentando las "25 Horas" de Carlos Barba Salva.

Isabel Santos y Enrique Pineda Barnet en 25 Horas, de Carlos Barba Salva
Por Pedro O. López.

Cuando el cineasta cubano Carlos Barba Salva me invitó a escribir un comentario sobre su nuevo cortometraje "25 Horas", me invadió al mismo tiempo que un profundo halago, una tremenda duda sobre mi capacidad para cumplir la tarea. Recuerdo que le respondí que lo haría desde mi condición de espectador simple, del tipo que no sabe de tecnicismos ni de conceptualizaciones, y es que la verdad hasta me aburre a veces leer los apuntes de los críticos. Sin embargo, el hecho de que fuera una obra suya y que otra vez contara con la magia de una Isabel Santos ("Clandestinos", "Regreso a Itaca") tremenda en si misma, me sedujo y me seduce.

A Carlitos lo conocí muy joven, en la Universidad de Oriente, cuando solo barba llevaba en el apellido, una amistad de pocas palabras y mucho respeto y admiración. He estado atento a cada una de sus obras y he disfrutado su forma de retratar a grandes figuras del cine cubano, como la historia del cargabates que se convirtió en jonronero bebiendo de cerca las mejores mieles.

"25 Horas" no es solo una nueva pieza maestra que Barba nos regala, es el paso arriesgado del documental a la ficción, ese que algunos sabedores del tema ya habían pronosticado venir. Pero el hombre no salta de un género a otro, más bien se desliza y arrastra en su avance el halo de documentalista que lo hizo ya una figura incuestionable del cine joven cubano. Este nuevo cortometraje es un pedazo de la vida real, como cortado a mano, como la foto de un desnudo sin arreglos ni photoshop. En "25 Horas" no hay estereotipos, no hay más intención que la de retratar un pedazo de cotidianidad sin sensacionalismos: la escena en la que Hilda, la protagonista, sale a tomar fotografías a la calle es casi la esencia del film en si mismo y eso lo hace originalísimo. Un malecón sin ambiente de comercial turístico, sin carros museables, sin mulatas despampanantes y una Isabel volando por fin el papalote que no llegó a empinar en la ochentera "Lejanía". 

Carlitos hace un uso magistral de los símbolos que marcan la vida cubana: la risa, los sueños, el pan, las noticias que no aterrizan, el transporte, la emigración. Una relación familiar desenchufada como tantas en la Cuba de hoy, mostrándonos a un Enrique Pineda Barnet ("La Bella del Alhambra", "Verde verde") esta vez como actor e interpretando a un padre ausente-presente que, hasta dormido, o... (no quiero revelar la historia) demuestra ser tan buen histrión como director de cine. En la película aparece también la recordada y ejemplar actriz cubana Alicia Bustamante ("Un día de noviembre", "Plaff o demasiado miedo a la vida").
"25 Horas" es el resultado de una ojeada a la vida desde la verdad, una fotografía animada de un autor que cada día se parece más a su obra, no es un cortometraje para hacernos reír, ni siquiera para hacernos llorar, aunque emociona, solo pensar y pensar.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Héctor Noas: "Sergio y Serguei es la película en la que más he trabajado en mi vida".

Héctor Noas en Insumisa, de Fernando Pérez
Por Ana María Domínguez Cruz
“¿Quieres que te confiese algo? La película en la que más he trabajado en toda mi vida ha sido Sergio y Serguei, estrenada recientemente en el Festival de Cine de Toronto, bajo la dirección de Ernesto Daranas”.
Cuesta creer una afirmación como esta cuando el actor Héctor Noas tiene tantas experiencias de excelentes actuaciones en teatro, cine y televisión. ¿Por qué en esa más que en las demás?
“No es cosa de juegos. Yo pensé incluso no aceptar el personaje que Daranas me proponía. La película se basa en dos anécdotas reales. Una parte del hecho de que en 1991 cuando desaparece la Unión Soviética había una tripulación en el espacio que no podía bajar a Tierra porque el programa espacial había quebrado, ningún país se encargaba de eso…es el caso de Sergio Krikalev, quien estuvo ahí, casi un año. La otra anécdota se relaciona con el hecho de que radioaficionados cubanos contactaron con la estación espacial MIR.
“A partir de ahí Daranas creó una historia maravillosa. El cubano Sergio a través de las ondas de la radio de los aficionados contacta con Serguei, el último cosmonauta soviético. Yo soy Serguei, y cuando escuché la propuesta y leí el guión, y supe que debía someterme a un entrenamiento fuerte de idioma ruso para expresarme como un nativo, y además prepararme físicamente con las cuerdas para simular el estado de ingravidez.
“Daranas se fue de mi casa y yo apenas pude dormir esa noche. Estaba convencido de que al otro día rechazaría la propuesta pero desperté en la madrugada después de una pesadilla, y comprendí que si él confiaba en mí yo no podía dejar de hacerlo. Entonces accedí. Fueron seis meses de intenso trabajo.
“En el set de la estación MIR, recreada muy bien en Barcelona, yo estaba colgando por las cuerdas, no podía tocar las cosas como hago de manera habitual en la Tierra, hablaba ruso con un entrenador que todo el tiempo me  condicionaba  la entonación propia del idioma ruso..fue muy difícil. Yo le decía a Daranas que él no necesitaba un actor para la película, sino una máquina para lograr toda la perfección que se requería. Demasiados detalles, pero con paciencia y con su dirección magistral funcionó”.
“No pudimos asistir a la presentación de la película en Toronto por las inclemencias del tiempo generadas por el ciclón Irma. Está además seleccionada entre las 12 que se proyectarán en el festival Busán, conocido como La puerta de Asia, por la importancia que reviste el evento en esa zona del mundo. Realmente yo no la he visto terminada, tengo ganas de verme y escucharme”.
-Han sido varios los filmes en los que ha participado desde 2014 hasta la fecha…
-Sí, mira desde hace cuánto no nos vemos. Si respetamos el orden cronológico estuve trabajando en Las cuatro estaciones, cuatro películas hechas en España a partir de las 4 novelas policíacas de Leonardo Padura con su personaje Mario Conde. En esta ciudas se presentó ya Vientos de La Habana, pero no las demás, ni siquiera en España. Yo soy el asesino de la segunda película Pasado Perfecto.
“Después vino Sergio y Serguei. También recibí la invitación de Esteban Insausti para integrarme al elenco de su película Club de Jazz, que es muy interesante y me encantó desde que conocí el guión. Son tres historias en tres épocas diferentes, con una dirección de arte y una fotografía excelente.
“A mi juicio son historias muy bien contadas. Yo interpreto a profesor de saxofón en la primera historia que quiere que su hijo gane un concurso a pesar de que otro muchacho, negro y pobre, tiene más talento. Mi pesonaje entonces acepta entrenarlo para lograr lo contrario, o sea, que su hijo gane. La película se recrea en el club y tiene al jazz como hilo musical conductor pero ante todo es un filme que habla de la envidia, de las bajas pasiones.
“Después trabajé en Te quiero siempre, dirigida por Armando Toledo para la televisión. Se transmitió el 26 y el 30 de julio. Justo terminé la filmación de esa película a las 12  12 de la noche y a las 2 de la mañana me llevaron al aeropuerto para viajar en avión hasta Oriente y comenzar a rodar Mambo Man, basada en hechos reales con Edesio Alejandro como director y con la producción de Tommy Music. El guión es un bombón y será una película atípica”.
-Tengo entendido que actuaste en la película de Fernando Pérez sobre la vida de Enriqueta Faber…
-Se llama Insumisa, y es sobre esa mujer que, disfrazada de hombre, ejerció la medicina en el país. Es una película de época y en pleno agosto fue muy difícil trabajar con ropas que incluían sombrero, chalecos, botas y además encerrado en un local, con antorchas y luces. En ese sentido fue muy difícil pero si el resultado final es proporcional al trabajo que uno pasa será muy bueno. Además, para mí fue  un privilegio esta experiencia de trabajo con Fernando Pérez.
-¿Descansarás en los próximos meses o tienes más propuestas?
- Tengo más trabajo y me encanta, no me puedo quejar. Vivo de actuar y me satisface mucho.
“Estando en Madrid me avisaron de un casting para una película sobre Carlos Acosta. Icíar Bollaín la dirigirá y es espectacular su trabajo. No puedo hablar mucho del proyecto pero me piden hacer una sola secuencia, un monólogo de dos páginas y media que demanda mucha carga emocional. Empezaremos en noviembre
“A finales de octubre trabajaré con Alejandro Gil a propósito de la historia de los ocho estudiantes de medicina. Inocencias es el título del filme y yo seré el capitán de los voluntarios que presiona para que se cometa esa injusticia.
“Y volveré al teatro que me fascina porque desde el Tío Vania, con Argos Teatro, no he hecho nada más. Estaré en la obra Panorama sobre el puente de Arthur Miller con Teatro El Público dirigida por un joven director llamado Jazz”.
-En el teatro es donde único has hecho comedia…
-Sí, con Carlos Díaz  pero en televisión y cine no me lo han propuesto. Yo estaría dispuesto.
Fuente: Cubahora

viernes, 13 de octubre de 2017

Homenaje: "cosas mínimas"

Hilda Roo
Hoy por hoy, a 2017 años cargados de grandiosas efemérides, el más  mínimo, insignificante grupo social, tiene recuento, un diario, un leve boletín: ayer, dos dias atrás, un día como hoy ocurrió…El ICAIC no tiene dónde anotar sus memorias pequeñas, las cosas mínimas que hacen grande la vida. ¿Quién las recordará a partir de ahora?
Habrá que avisarle a Hilda Roo.
Enrique Pineda Barnet, La Habana.

Nota de Cubacine aquí

lunes, 9 de octubre de 2017

Condecoración de Enrique Pineda Barnet, Caballero de la Orden ’’Artes y Letras’.

    Este martes 26 de septiembre, en presencia de numerosos invitados del mundo del cine y de la cultura cubana, el Embajador de Francia en Cuba, Señor Jean-Marie Bruno, entregó las insignias de “Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres” al gran realizador cubano Enrique Pineda Barnet.
    Enrique Pineda Barnet


    Esta ceremonia fue la ocasión de volver a abordar la carrera y la importante obra del cineasta, así como los numerosos premios que han acompañado su trayectoria.
« Mi verbo es puentear: vivo para reunir territorios, personas, amores, afectos, familias. Vivo para acercar no para distanciar; para tender puentes, no para levantar muros ».
El autor de estas palabras, Enrique Pineda Barnet, guionista, cineasta y documentalista, es reconocido como uno de los más importantes del panorama cubano. Autor de más de 25 películas, Enrique Pineda Barnet marcó la historia del cine cubano. Sus obras más conocidas incluyen Soy Cuba (1964), Giselle (1964) y La Bella del Alhambra (1989).
Ha sido laureado en numerosas ocasiones por la calidad de sus películas. Su filmo La Bella del Alhambra fue multi-premiado en festivales internacionales. Recibió el Premio Goya de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y fue seleccionado como aspirante al Óscar en la categoría de Mejor película extranjera.
Además, como fundador de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, del Teatro Estudio, de la Escuela Profesional de Publicidad, y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Enrique Pineda Barnet es una figura esencial de la vida cultural cubana.
Por ello, ha sido condecorado con la Medalla de la Cultura Nacional así como la Medalla José Manuel Valdés Rodríguez de la Universidad de La Habana.
En 2006, el Ministerio cubano de Cultura y el Instituto Cubano del Arte y de la Industria Cinematográfica (ICAIC) le entregaron el Premio Nacional de Cine, premiando el conjunto de su carrera y de su obra.
En 2016, Enrique Pineda Barnet recibió el Coral de Honor durante el 38vo Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
En Francia, la obra de Enrique Pineda Barnet suscita un interés creciente como lo demuestran estudios universitarios de los últimos años (tesis de Sebastián Pruvost, en 2015 de la Universidad de Borgoña), la difusión de sus películas en París (durante el Mes de la cultura cubana, mayo de 2016) o la proyección de Soy Cuba, película de la que fue el coguionista, a través del canal televiso Arte.
Con esta condecoración de “Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres”, la Ministra francesa de la Cultura honra a este extraordinario realizador cubano.
Para leer el discurso del Embajador, pusar aquí.
Fuente: Embajada de Francia en La Habana.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Cineasta cubano Enrique Pineda Barnet, Caballero de las Artes y las Letras.

En la infancia, soñaba tener, para mi solamente,
Un planeta, un asteroide,
Donde cultivar para siempre una rosa.
Pero la vida no me permitió ser ese pequeño príncipe.
De adulto, no alcancé a librar batallas de capas y espadas.
Ahora de adulto, muy adulto, casi tarde,
El Gobierno francés me otorga esta emblemática condición que agradezco y prometo cumplir,
Caballero de arte, de estética y de ética
Para lanzar la flecha al horizonte.


Muchas gracias,

Enrique Pineda Barnet.

EMBAJADA DE FRANCIA, EN LA HABANA
Septiembre 26 de 2017

miércoles, 10 de mayo de 2017

El juicio de la quimbumbia de Pineda Barnet

Por Rosa Ileana Boudet
narradora y crítico teatral cubana

Al fin, revisada por su autor, El juicio de la quimbumbia, de Enrique Pineda Barnet, está disponible en Amazon. Recibe una mención en el Concurso Casa de las Américas 1964 –cuando este hacía público esas selecciones–  y se ha mantenido inédita y sin representar desde entonces.
En el teatro cubano, el juicio  es una tradición como la del velorio. De la festiva acusación al danzón en el bufo El proceso del oso, de Ramón L. Morales (1882) a la diligencia judicial en La sombra, de Ramón Sánchez Varona (1937), el lector sabe que hay juicios  en Falsa alarma(1948) de Virgilio Piñera,  El caso se investiga(1957), de Antón Arrufat, El juicio de Aníbal (1958), de Gloria Parrado y en Los perorantes (1957), de Ezequiel Vieta, entre otras, por no hablar del juicio supremo, el del programa radial más popular,  La tremenda corte. En La crónica y el suceso, de Julio Matas, publicada ese año, el  Autor-personaje no puede escribir el tercer acto porque ha sido asesinado  y la Audiencia es un “tinglado” improvisado de la obra que nunca llega a terminarse.
Pero quizás ninguno tan exuberante y surrealista como el de Barnet donde el mismo lugar de la acción se difumina entre sala de justicia y hospital que hace decir/ pensar al  ESCENÓGRAFO: “ ¿Esto es la sala de un tribunal de justicia? ¿Es un hospital o es la capilla de un convento? Es una cárcel de provincia o el garito de una casa de juego?"
Si sumamos intervienen  más de setenta personajes, es un gran espectáculo que utiliza copiosos medios: desde la participación del público a la incorporación de títeres, dobles, baile, pantalla de cine para proyectar filmaciones, entre otros. 

Enrique la escribe en 1958 y la lee en el recién inaugurado Teatro Estudio, cuatro años después de su participación como actor en el montaje de Lila, la mariposa, de Rolando Ferrer, dirigido por Andrés Castro en Las Máscaras, con un reparto formidable y escenografía de Raúl Martínez. Se dice fácil pero un comienzo así es una marca.   De esos años data su relación con la Olympia de la obra: Olga Connor (Olga Fernández Villares entonces), responsable de su recuperación actual. Las cartas intercambiadas entre Violín (Enrique) y Olympia (la enfermera lírica del texto) en la edición, recrean aspectos de esa amistad y de la obra que Olympia  sintetiza como "aspectos de la locura cubana". 
Pineda Barnet me ha enviado estas notas sobre de la pieza.
 Los jueces están juzgando un acto de revuelta, que el fiscal presenta, pero en la forma en que el autor desarrolla el juicio, hay una lentitud cruel, una ironía justiciera en los trámites y la cantidad de peripecias.
Aquí se ve la alternativa entre los leales a una causa y los que la traicionan. Hay la crueldad de jueces, fiscal y policías, pero también de lapoblación. Entre la rumba y la comparsa, se busca la justicia y la humanidad, sin que haya éxito. Lo más importante es el desarrollo, con tantas acotaciones para la escenografía y los actores que da la impresión de un filme en ciernes. Pero no hay tal, es drama purísimo, que convierte a los actores en público y al público en actores.”

Con mucho acierto, Norge Espinosa señaló en la presentación habanera del volumen, su vínculo con la experimentación de esos años. 

Era un momento en el cual el teatro cubano iba entrando de lleno en una discusión que luego estallaría de modo espectacular: ese debate entre realismo y nuevas tendencias que apelaban al absurdo, a la crueldad, al teatro documental, al surrealismo, que desató enconadas discusiones y, lamentablemente, terminó con el corte abrupto que en los años 70 desterró gran parte de lo más provocador de nuestros escenarios.
1964 es el año de Maité Vera con Las yaguas y José Ramón Brene con El gallo de San Isidro y Fiebre negra, también del estreno de Contigo, pan y cebolla, de Héctor Quintero. El momento en que  autores “de transición” reconsideran y reformulan sus presupuestos con amargo escepticismo. Carlos Felipe en Los compadres y Rolando Ferrer en Las de enfrente. Se publica Los mangos de Caín, de Abelardo Estorino y en la Casa de las Américas se realiza una mesa redonda sobre el ¿Teatro actual?  El juicio de la quimbumbia nace en esa encrucijada y plantea, fuera del teatro de cámara o el costumbrismo, retos entonces insalvables ya que los grandes montajes de los sesenta (de El baño de Mayacovski a El círculo de tiza caucasiano, de Brecht), van quedando atrás por razones fundamentalmente económicas. Pero no estoy segura de que por ese motivo haya pasado inadvertida durante estos años. 
De lo que estoy segura es que son muchísimas las obras inadvertidas y/o nunca publicadas. Soy responsable de una de estas porque cuando leí Cambula, otra obra  excelente de Pineda Barnet, preparaba una antología de obras cubanas sobre el tema de la mujer donde estaba también Ana, de Ignacio Gutiérrez y muchísimas otras. Pero la editorial canceló el proyecto y yo la olvidé. Ana se representó dirigida por Dumé. Quizás  pueda rescatar Cambula como ha hecho Olympia o las nuevas Olympias reparen en los vacíos que otros dejamos.